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23/01/2012 | Noticias

DELEGACIÓN DE FERROL DEL COAG. DEMOLICIÓN DE LA FÁBRICA DE LÁPICES

Xoán Carmona Badía, explica con claridad este caso. Catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la USC y vocal del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH-España)

"Delante de la mirada no sé si distraída o resignada de las instituciones responsables de la conservación de nuestro patrimonio, comenzaron ya las obras de demolición de la Fábrica de Lápices de Ferrol, probablemente el elemento más representativo del patrimonio industrial de carácter civil de la ciudad. Sorprende, cuando menos, porque como ya ha reflejado la prensa durante estas últimas semanas y como han manifestado el Colegio de Arquitectos, la Asociación de Vecinos del Ferrol Vello y muy diversas personas y colectivos, va a derribarse un edificio que reúne un puñado de valores estéticos e históricos de primera magnitud, apreciados no sólo por los ferrolano sino por todos los que como visitantes, como como turistas o como estudiosos de la historia y del patrimonio industrial tuvimos la ocasión de conocerlo. El patrimonio industrial -que es el conjunto de edificios, maquinaria, tradiciones de trabajo y demás elementos que configuran los vestigios de las actividades de tal casta- es una parte del patrimonio cultural que en los países avanzados disfruta de la misma protección que otros elementos de este último.

El patrimonio industrial tiene un lugar, lo mismo que las obras de artes o las construcciones destinadas al culto religioso, en las actividades de la Unesco y en los convenios que con esta institución ha firmado España. El Consejo de Europa emitió en su momento dos Recomendaciones sobre el tema: a 872 (año 1979) relativa a la arqueología industrial, y una posterior, la en º R (90) 20 relativa a la protección y a la conservación del patrimonio técnico, industrial y de obras de artes en Europa. La apodada Carta de Nizhni Tagil del año 2003 que cualquiera puede ver en http://www.mnactec.cat/ticcih/industrial_heritage.htm representa una posición que consensua la valoración que en un amplísimo número de países recibe hoxendía el patrimonio industrial. Una de las muestras de la importancia que las instituciones internacionales otorgan al patrimonio industrial es el hecho de su inclusión en las listas de bienes culturales Patrimonio de la Humanidad. El primer elemento del patrimonio industrial que recibió esta distinción fue la mina de sal polonés de Wieliczka, que la obtuvo en 1978 y desde aquella ven recibiendo miles de visitantes anuales llegando a conseguir en el año 2011 nada menos que un millón diecinueve mil. Posteriormente otros diversos elementos del patrimonio industrial de diversos lugares consiguieron también el distintivo, de manera que en la actualidad hay ya cuarenta.

La importancia de la etiqueta Patrimonio de la Humanidad no es desconocida en el Ferrol, pues es precisamente uno de los anhelos de la ciudad la de conseguirla, y a tal objetivo teñense dedicado no pocos esfuerzos. El conjunto del Arsenal y de las fortificaciones de la ría poseen una dimensión, una singularidad y una autenticidad que merecen sin ninguna duda dicha distinción, y todos aguardamos que mas temprano que tarde la consigamos. Pero, de qué tipo de patrimonio hablamos cuando hablamos de esta cuestión? Pues de unas instalaciones industriales extraordinarias y de unos elementos igualmente valiosos de protección militar. En definitiva, de un complejo en el que la cerne es el patrimonio industrial: un arsenal militar que llegó ser en algún momento el mas importante de Europa.

No sólo por coherencia sino también por estrategia a la hora de conseguir un objetivo en el que la competencia es dura, lo entorno histórico de nuestro futuro Patrimonio de la Humanidad tiene que ser igualmente cuidado. De manera coherente con este objetivo -no sé si premeditada o casualmente- pero coherente en todo caso, fue incoada y aprobada recientemente la declaración del Casco Viejo de O Ferrol como Bien de Interés Cultural. Lo que que no resulta, ya que luego, coherente y que ahora se derribe el más importante elemento del patrimonio industrial contenido dentro del Casco Viejo para construir un edificio que va a romper la estética y superar en altura al que ven sustituir. Y que además se va a colocar justo a carozo del Baluarte de San Xoán, que está incluido en la solicitud de declaración de Ferrol Patrimonio da Humanidade.

La Fábrica de Lápices tiene en primer lugar un enorme valor histórico. Porque representa la matriz de todo un conjunto de industrias civiles que se desenvolvieron en la ciudad entre los años 1940 y 1980; representa el empuje empresarial de una ciudad que trataba de romper con el perjuicio de no ser quién de tener empresas propias distintas de las públicas; y representa las tradiciones de trabajo de un espacio fabril en el que llegaron a convivir casi cuatrocientos operarios. Pero la singularidad y el interés de la Fábrica de Lápices soborda claramente el local, pues fue la única de esta especialidad en toda la historia de Galicia, una de las pocas que existieron nunca en territorio español, y un caso de extremo interés de importación de tecnología en la España cerrada de aquellos años.

La Fábrica de Lápices tiene en segundo lugar un importante valor arquitectónico y estético. No sólo por su elegancia, singularidad y voluntad de estilo, rara en las fachadas de los establecimientos industriales gallegos, sino también por su probable autoría. Aunque no está completamente demostrado que su proyecto había sido obra de Rodolfo Ucha, la combinación en su fachada de elementos art.-decó y propiamente racionalistas así como una mán de testimuñas personales inducen a pensar que fue el gran arquitecto ferrolano el autor del trabajo.

Y la Fábrica de Lápices tiene un enorme valor como elemento del propio Casco Viejo ferrolano. En la arquitectura y en la memoria popular. Y tiene, además, el valor del contraste, es a otra fábrica histórica que queda en el Ferrol. Una fábrica con un triple valor, situada a pocos metros del futuro Patrimonio de la Humanidad. Una buena actuación en la antigua Hispania sería una buena carta de presentación sobre la capacidad de la ciudad de mirar por su patrimonio industrial. El fundamentalismo es uno de los principales enemigos de una política urbana practicable y sensata. Quizás no sea preciso conservarlo toda la hinca de la Fábrica de Lápices. Incluso semejar que una parte está en una situación de difícil reversibilidad. Pero no es este el caso de la fachada principal y del edificio de oficinas, que en realidad representan una parte pequeña del total. Ni tampoco de la chimenea. Existen instancias que pueden forzar la paralización cautelar del derribo y existen instancias que pueden negociar la conservación de las partes "más nobles" de la Fábrica de Lápices con destino a dotaciones culturales o de otro tipo, sin que se vulnere la normativa urbanística en vigor ni los derechos adquiridos por la propiedad. Pero hace falta que actúen con urgencia. Piensa alguien que derribar un importante elemento de nuestro patrimonio industrial es una buena forma de ganar posiciones para conseguir que otros elementos de lo mismo consigan la consideración de Patrimonio de la Humanidad?"

Diario de Ferrol_El derribo de la Fábrica de Lapices comienza por su emblemática chimenea

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