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31/01/2012 | Noticias

LUIS FERNÁNDEZ GALIANO INGRESA EN LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

El pasado 22 de enero de 2012, el arquitecto, D. Luis Fernández-Galiano, fue nombrado Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En el siguiente enlace encontraréis el interesante discurso íntegro leído por Luis Fernández-Galiano en la ceremonia, titulado `Arquitectura y vida: el arte en mutación´, así como la contestación en nombre de la Corporación de D. Rafael Moneo.

"La arquitectura es música congelada". Esta imponente sentencia de Schopenhauer fue una de las imágenes que utilizó el arquitecto Luis Fernández-Galiano en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Un discurso en el que destapó un bote muy nutrido de metáforas y de filosofía contemporánea. La ciudad orgánica, los sentidos, las fuerzas centrípetas y centrífugas, el Pleistoceno y el espacio, lo mutable, Heidegger, el lugar, el territorio, la entropía, eran nociones que iban apareciendo en el Salón de Actos de la institución.

El mismo Fernández-Galiano comenzó su discurso con su opinión personal sobre la situación actual de la arquitectura, un diagnóstico "preocupante pero animoso, que ojalá nos mueva a reconciliar la arquitectura con la vida en el marco de unas artes en mutación".

La mutación, la filosofía de la vida, el artificio y lo orgánico se fueron trabando en esa visión cósmica e integral de la nueva arquitectura que fue describiendo, haciendo uso de potentes figuras literarias, el arquitecto y crítico.

"Más de la mitad de la humanidad vive ya en ciudades", dijo el académico. Su discurso, en esa búsqueda de integración en una nueva entidad, la ciudad del siglo XXI, abordó varios caminos en este intento de redefinición del espacio urbano. "La disgregación física y social del mundo contemporáneo, que ha fracturado los tejidos urbanos y vínculos comunitarios, ha engendrado la cultura ensimismada del individualismo narcisista, sustituyendo una tupida trama de referencias políticas, intelectuales y artísticas por el fulgor fugaz del espectáculo".

La transformación de las topografías de costas y tierras, la idea de límite, aplicado a la ciudad, como una entidad en expansión pero sin una total definición, así como las infraestructuras y tecnologías del mundo digital, se sucedían, en un discurso denso. "El arte atmosférico, con su delicada atención al control climático, a lo táctil y a lo térmico, entra en resonancia en la arquitectura con una extensa tradición crítica que ha explorado la fisiología de los edificios con preferencia a las habituales consideraciones anatómicas. Una tradición en la que el aire o el agua tienen tanta importancia como la piedra, el vidrio o el acero", señaló en lo que fue una clara defensa de una arquitectura preocupada por la ecología y los recursos naturales.

"La renuncia a lo superfluo en la arquitectura y en la vida puede ser una fuente de belleza y de placer", dijo, refiriéndose a la fascinación por «las arquitecturas anónimas, hijas de la necesidad» en un momento de crisis económica. En la mentada contestación académica, el arquitecto Rafael Moneo glosó la figura del nuevo académico y destacó que su interés va dirigidio, en especial, a "mantener en lo posible el equilibrio ecológico". "El saber humanista", dijo, "prevalece frente a consideraciones estrictamente visuales". Antonio Bonet, director de la Real Academia entregó a continuación la medalla y el diploma de la institución, y el Ministro de Educación, Cultura y Deporte alabó, finalemente, el diálogo constante entre cultura y sociedad en su obra.