Colegio oficial de arquitectos de Galicia - Delegación Lugo

COAGLUGO

06/10/2013 | Celebraciones

RECORDATORIO [DÍA MUNDIAL de la ARQUITECTURA] acto homenaje a JOSE LUIS FERNÁNDEZ del AMO MORENO

Cultura-arquitectura es el lema elegido por la UIA para celebrar el Día Mundial de la Arquitectura 2013. Con este tema, la UIA quiere destacar la multitud de interpretaciones e ilustraciones que reflejan la diversidad, riqueza, imaginación y capacidad de invención de los arquitectos a través de sus diseños y obras.

 

Sin duda, José Luis Fernández de él Amo destacó por la calidad, riqueza, diversidad y humanidad de la su obra, siendo la arquitectura religiosa uno de los campos en el que destacó con especial creatividad.

 

Por esta razón, la Delegación en Lugo del COAG, organiza un acto homenaje al arquitecto Jose Luis Fernández del Amo Moreno que se celebrará el próximo lunes 7 de octubre a las 20:15 (despues de misa), en la iglesia parroquial de San Antonio de Padua en la calle Tui 39, diseñada por el arquiteto y acabada en 1962.

El acto consistirá en una corta introducción sobre el arquitecto y a su obra edificada en Galicia. A continuación, nuestro compañero Manuel Urbano Barrio y Moure explicará las claves para entender la arquitectura de la iglesia de Santo Antón de Pádua, así como de la arquitectura religiosa contemporánea.

 

 

 


Jose Luis Fernández del Amo Moreno

 

 

 

 

 

 

 

 

nace en Madrid el año 1914 con la Primera Guerra Mundial. Cursa los estudios de arquitectura en los tiempos de la gran conmoción política española y adquiere un sentido social y humanista en su formación profesional.

 

En 1931 coincide con la proclamación de la República su llegada a la Universidad. Cursa dos años de Ciencias Exactas como ingreso a la Escuela de Arquitectura. Vive el espíritu universitario en la desazón de la República que no se consolida. No duda un momento de su vocación a la arquitectura, ni de su fe religiosa, pero con planteamientos radicales, con ímpetu renovador desde los orígenes.

 

Es arquitecto en la promoción del año 1942, que reacciona ante la pretensión nacionalista y hermética de la posguerra. Por disposición propia propugna la renovación de las artes plásticas y su incorporación a la arquitectura. En escritos y conferencias comparte sus inquietudes con la juventud universitaria más avanzada.

 

Se estrena en el ejercicio de la profesión en la obra de Regiones Devastadas y en el año 1947 ingresa en el Instituto Nacional de Colonización. Ha realizado poblados en las distintas zonas de su influencia con un concepto urbanístico que partiendo del módulo de la vivienda del colono en el ámbito rural, procura su expansión vital y de convivencia.

 

-En el año 1952 promueve la fundación del Museo de Arte Contemporáneo en Madrid.

-Presidió un Curso de Análisis del Arte Abstracto en la Universidad de Verano en Santander en 1953.

-En el V Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos celebrado en Moscú el año 1958, tuvo una gran repercusión la presentación de documentos gráficos del pueblo de Vegaviana (Cáceres).

-Junto a otros, recibe el Premio de «Planeamiento de Concentraciones Urbanas» en la VI Bienal de Sao Paulo en Brasil.

-Desarrolla la docencia en la cátedra de Proyectos I del tercer curso en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid en los años setenta.

-El Museo de Arte Contemporáneo de Madrid presentó una exposición de su obra realizada entre los años del 1942 al 1982, con representación de sus manifestaciones más diversas: Los pueblos de colonización, urbanismo, arquitectura religiosa, de la función pública, la vivienda.

-En junio del año 1990 es elegido Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

-Fallece el 19 de agosto de 1995 en su casa de Valdelandes (El Barraco, Ávila), rodeado de su familia.

 

“Y quede bien claro que la arquitectura no es nunca la obra de un hombre. Aquel que pretenda atribuirse la obra de arquitectura como propia, se engaña. En la obra de arquitectura anda en juego desde la iniciativa primera del arquitecto, hasta el contacto de la mano del ejecutor sobre el material. Muchas veces he puesto en valor esa importancia sobre los paramentos como expresión plástica de mi arquitectura, como textura, como la piel de sus volúmenes. Pero son muchos los que intervienen en su realización hasta el final. Mi reconocimiento a todos los que puedan sentirse partícipes en los resultados, mejor o peor logrados. Yo se bien que a todos ellos se deben”.

 

PUEBLOS DE COLONIZACIÓN


 

 

Durante veinte años pasados al servicio del Instituto Nacional de Colonización, los que median entre 1947 y 1967, José Luis Fernández del Amo construye catorce pueblos, apenas una veinteava parte de casi los trescientos que promueve el Instituto a lo largo de su historia.

 

El conjunto de la experiencia de colonización ha sido descrita con tres palabras clave: racional, popular y orgánica.

 

Racionales lo son, por cuanto la razón de la necesidad le condujo al racionalismo de una arquitectura funcional, en la que su concepción se fundamenta rigurosamente en que los espacios y su orden se supeditan al cumplimiento de una función. Populares también si aplicamos este calificativo a las experiencias que buscan inspiración en la arquitectura anónima; y orgánicos entendidos como producto de una afinada sensibilidad paisajista que somete razón y tradición vernácula a la personalidad específica del emplazamiento.

 

La relación entre arquitectura y paisaje está siempre presente en los pueblos con una clara adecuación de los trazados urbanísticos a la topografía.

 

Los espacios públicos están cuidados con especial atención, evitando las soluciones convencionales o al uso del momento para resolver los encuentros urbanos. La disposición de los equipamientos en los pueblos de Fernández del Amo se aleja de la ubicación más frecuente utilizada por los arquitectos alrededor de la plaza. Algunas veces se colocan a ambos lados de la calle principal y otras sobre un largo pórtico; en la toma de estas decisiones, seguramente, su capacidad intuitiva se mezcla con la voluntad de experimentación.

 

En lo que se refiere a la arquitectura de estos pueblos se alejó de las consignas oficiales de unas imágenes histórico-regionalistas y se acercó a una arquitectura esencializada que eliminaba lo superfluo. Las fachadas de los edificios se despojaron de cornisas, recercados y otros elementos innecesarios para presentar la desnudez de unos muros habitualmente blancos, cuyo color se convierte en habitual para esta arquitectura.

 

Confíó la composición de los alzados a la volumetría y al juego de los faldones de las cubiertas. En cada caso Fernández del Amo demuestra que maneja hábilmente los conceptos de estandarización y repetición y los emplea, de forma variada, por simetría, por adición o por agrupación.

Aprovecha al máximo la escasez de medios disponibles poniéndolos en valor, y confía en el buen oficio de los albañiles de cada lugar. Obtiene magníficas texturas usando las técnicas constructivas de mampostería propias de cada zona, avaladas por siglos de tradición popular.

 

Una mención especial merecen por su singularidad las iglesias y los centros parroquiales dentro del conjunto de los pueblos. En el ámbito de la arquitectura religiosa, Fernández del Amo se muestra comedido, respeta la limitación de los presupuestos, pero no renuncia a soluciones interesantes. Las plantas de sus iglesias evolucionan para situar el presbiterio en una posición de mayor centralidad, surgen geometrías mas rígidas, alrededor del cuadrado, e introduce la luz cenital en el interior de la iglesia. La fachada-retablo se desprovee de elementos figurativos y se aproxima a esquemas más abstractos. Las torrres-campanarios, configuradas como simples paralelepípedos blancos y esbeltos, despojadas de todo factor ornamental, son auténticos hitos en el paisaje.

 

José Luis Fernández del Amo supo establecer las necesarias relaciones para influir en el Instituto y permitir que artistas jóvenes realizaran obras en las iglesias que proyectaba y construía el Instituto, manteniendo serias discrepancias con las autoridades eclesiásticas del momento por defender un arte nuevo.

 

 

Ejemplo:

 

En 1957 proyecta el pueblo de El Realengo situado en la zona regable de Saladares, en el término municipal de Crevillente, en Valencia. Su ordenación urbanística parte de un riguroso trazado geométrico ortogonal.

 

 

 

ARQUITECTURA RELIGIOSA


 

Un espacio —cuatro paredes y un techo— que cobijan a la asamblea alrededor del lugar de la celebración que congrega y de la que se participa.

 

Todo lo demás, el tratamiento de la luz, de los paramentos, del suelo, de los elementos del culto, han de contribuir a la función primordial de esta participación del Pan y la Palabra. Apenas nada sin la comunidad y sin la celebración. El templo. Un espacio de recogimiento, de devoción privada, de meditación, de penumbra y de silencio. Un espacio de encuentro, al aire libre, el atrio ceñido por el claustro, donde necesariamente los fieles convivan, se comuniquen, compartan los acontecimientos de la colectividad.

 

Se ha evitado toda manifestación de monumentalidad en sus volúmenes y con más empeño en sus fachadas. En las últimas obras, estas se reducen a muros ciegos sin ornamentación alguna y de regulares proporciones con la sola ruptura de lo indispensable para accesos o iluminación. La elección de los materiales se ha hecho con una expresiva sobriedad. Y la sobriedad también se pretende con las proporciones. El rigor con el que la concepción arquitectónica se atenga a este espíritu consecuentemente afectará al corte de la construcción.

 

Se fija un programa, se definen unos volúmenes, se dan unas características generales que garanticen la obra bien hecha, se pretende además que el aspecto total del conjunto adquiera una clara y transparente expresión de testimonio cristiano y con todo ello se impone un criterio de estricta economía.

 

Con estos presupuestos, todo estaba preparado para que su arquitectura eclesial se presentara de un modo muy intenso. Al describir su trayectoria, solía tratar esta vertiente de un modo singular, explicando que para él había sido un tema preferente, algo así como un condensador de todos sus intereses, siempre defendería que el arte en el templo no debía de ser algo accesorio que se añadiera al final, sino más bien, “una bella manera de hacer las cosas” – hacer las cosas con arte – que se aplicará tanto a la arquitectura como a los objetos. El arte no es decoración, y por eso lo meramente decorativo, lo falso, lo inútil, tenía valor de contrasigno y no cabía en la iglesia.

 

 

Ejemplos:

 

Iglesia parroquial de la Santa Cruz. A Cruz do Incio. Lugo (1960-1963)

«La iglesia de Incio, un paso decisivo en la renovación del arte religioso gallego». Así saludaba la prensa de la época la inauguración de la iglesia parroquial de Santa Cruz do Incio el 28 de julio de 1963 después de dos años de obras en las que fue decisiva la colaboración de buena parte del pueblo, los donativos de vecinos y de oriundos emigrados, y el trabajo desinteresado del director del proyecto José Luis Fernández del Amo, todo un referente en la arquitectura española de aquel momento.

(Alicia Pombo. La Voz de Galicia, 8 de Mayo de 2011).

 

El edificio ha sido concebido con un carácter en armonía con las construcciones rústicas de aquellos contornos y con franca modestia sin que ni en el volumen ni por el tratamiento de los materiales pueda parecer exótico a su arquitectura anónima. Solo se ha procurado una mayor dignidad para la creación de un ambiente interior propicio a la función religiosa a que está destinado.

 

Su vinculación a los sectores más inquietos del catolicismo español de los años cincuenta, le hicieron seguir con expectación las incidencias del Concilio Vaticano II con un fin muy preciso, como él mismo escribe “para llegar a conclusiones válidas y que permanecieran. Desde entonces, puse el mayor empeño en que la arquitectura sirviese con rigor al espíritu de sus prescripciones. Que en la organización de los espacios que se me encomienda, tenga prioridad su funcionamiento y la expresión significativa de su testimonio… Se trata simplemente de llegar a una fidelidad en la que se manifiesten las vivencias del culto y de la pastoral para hoy y para siempre”.

 

La edificación surge del lugar en que se produce y dando cuerpo al conjunto edificado mediante la utilización del hierro en la estructura de la nave, con una perfileria industrial que muestra toda la potencia de las secciones en pilares y vigas o la liviandad de las cerchas, en el exterior el pequeño, pero intenso, detalle de hormigón en la torre del campanario.

 

El propio Fernández del Amo, treinta años después de su terminación escribiera: “Esta pequeña obra en la parroquia de Incio, la tengo por una de las significativas entre las mías”.

 

Iglesia parroquial de San Antonio de Padua, Lugo (1962).

 

Tras la construcción de la iglesia de la Santa Cruz en Incio, Fernández del Amo recibió al año siguiente el encargo de la construcción de la iglesia parroquial de San Antonio en un área de reciente expansión de la ciudad de Lugo. El amplio programa incluía un templo para quinientos fieles, centro parroquial y salón de actos. La parcela asignada posee un fuerte desnivel que el arquitecto resolvió con una plataforma en la que se situó el salón de actos, hoy utilizado como garaje de alquiler, y el resto de los espacios. Esta plataforma permite la conformación de un atrio elevado al que se abre un pórtico longitudinal, en cuyos extremos se hallan la torre y la iglesia, dejando el centro abierto a un jardín desde el que se accede a las dependencias parroquiales.

 

Hoy el edificio no puede apreciarse en el entorno de espacios públicos y edificaciones de altura media, previstas por su arquitecto. La torre, de casi treinta metros de altura, no es ya un hito en el paisaje urbano. Fernández del Amo expresó así esta circunstancia: «el edificio se encuentra agobiado por construcciones de altura que ocupan lo que siempre debió respetarse como zona ajardinada [...]. Nunca pensé que la torre compitiera con los bloques de viviendas».

Hermanos Atienza (vidrieras), Eduardo Carretero (retablos), Luis Vincent (imágenes) y Carretero (elementos escultóricos)

 

Iglesia parroquial de Santa Marina, Chantada. Lugo (1963)

 

 


 

más información:

www.fernandezdelamo.com

 

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