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01/11/2013 | Noticias

Premio Juana de Vega de Arquitectura 2013

además del accésit a la vivienda en Coeses, el jurado, tras una amplia deliberación toma los siguientes acuerdos:

 

Conceder el Premio Juana de Vega de Arquitectura, en su décima edición, a la vivienda situada en Redonda (Corcubión) de la que son autores Juan Creus y Covadonga Carrasco.

 

Un proyecto maduro que consigue integrar muy bien un edificio nuevo en un espacio de una edificación preexistente, respetando el volumen y la fachada originales y la harmonía del conjunto de casa, terreno y edificaciones auxiliares. Cabe destacar varios aspectos: (1) la galería posterior en mármol, que sustituye a la del volumen original, que ofrece soluciones adecuadas a la distribución de los usos y abre espacios interiores al espléndido paisaje sobre el Cabo Finisterre, (2) la sutil eficacia con la que funcionan los patios y terrazas situados a ambos lados de la casa que facilitan los accesos y circulaciones y se relacionan con naturalidad con su entorno de huerta y jardines que descienden hasta el mar y (3) la inclusión de elementos preexistentes, -hórreo, muros- cuidando su valor histórico y aprovechando las posibilidades de uso de la casita del jardín. Un cuidado que también se aprecia en el diseño de la escalera, mobiliario y elementos decorativos interiores y en la fachada principal, que, teniendo un lenguaje popular, no renuncia a una personalidad especial en los elementos decorativos.

 

Conceder un accésit a cada una de las siguientes viviendas:

Casa unifamiliar situada en la Urbanización Pazo de Ramirás, 61 (Ourense), del arquitecto Manuel Jorreto.

Se trata de una obra nueva, con vistas al Miño, que combina muy bien una presencia plástica poderosa con un uso racional de los espacios interiores de la vivienda, limpia y bien distribuida. Un paralelepípedo alargado encajado entre un estrecho jardín interior, situado entre la vivienda y el muro de contención de hormigón, y la poderosa vista exterior sobre el valle y el río. Los sistemas de cierre de las superficies cristaleras permiten a los habitantes de la casa seleccionar varios ambientes, entre la total apertura y el recogimiento presidido por los pequeños arces del jardín interior. El agua de la piscina, sobre la cubierta y a los lados de la pérgola de entrada, es también un elemento constructivo más, que dialoga con el hormigón, vidrio y acero.

Casa en el lugar de Portanova, Coeses (Lugo) del arquitecto Emilio Rodríguez.

Confluyen en ella dos usos: vivienda y taller para sus ocupantes que se dedican a las artes plásticas. El edificio ocupa el espacio de una casa rural integrada en una aldea de gran valor etnográfico y, en este sentido, contribuye a dar nueva vida a estos lugares que están siendo abandonados. El proyecto resuelve bien los usos previstos por los propietarios (dotando de luz cenital al taller, por ejemplo) y combina la recuperación de los muros de piedra de la finca, con una construcción de hormigón recubierta de una fachada transventilada de madera de arce, que va adquiriendo un color gris característico y que armoniza con los muros de losas de esquisto. La eficacia energética de la obra se completa con el diseño de huecos pequeños al norte y la apertura de ventanas amplias al pequeño jardín situado a mediodía.

 

Resaltar como obras de interés especial dos viviendas que no entraron en el apartado premios. Ambas tienen en común el uso de materiales que se emplean en las respectivas comarcas para otras funciones:

Vivienda unifamiliar en la Ribeiriña (Pobra do Caramiñal) del arquitecto Iñaki Leite.

Una construcción abierta al mar, limitada por un solar pequeño y con fuerte pendiente, que dificulta la consecución de los diversos objetivos de la obra. Es un proyecto de calidad que destaca especialmente por el uso de madera reciclada proveniente de las bateas de mejillón que pueblan la ría vecina y por la eficacia del tratamiento energético.

Casa en Tebra (Tomiño) de los arquitectos Guadalupe Piñera y Jesús Irisarri.

Edificio singular por el elegante diseño de la planta baja y la integración de los muros de piedra de una casa preexistente, que complican algo la resolución de los espacios interiores. Resulta destacable el empleo de diversas capas de materiales que envuelven la casa, y dan pie a juegos de luces y temperatura que se adaptan al clima. Destaca una cortina envolvente exterior, una falda que se agita con el viento, hecha de aluminio, que se asemeja a las que se usan en los invernaderos de la zona.

 

fuente:

El Progreso

Fundación Juana de Vega

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